En el pueblo norteño de Santiago del Teide, Tenerife, los almendros han vuelto a vestir sus mejores galas para recibir al visitante curioso o a los muchos que gustamos del placer de pasear por senderos y contemplar el variopinto paisaje. Blancos, rosados son los tonos que a menudo nos deleítan la mirada. A pesar de de todo la vida se renueva y la esperanza se aviva al darnos cuenta de que todo es cuestión de saber asimilar los problemas y aprender de su mensaje.
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